Lunes, 30 Enero 2017 08:31

"Testigos de la esperanza y la alegría"

Un día para mirar “a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros como un don de Dios a la Iglesia y a la humanidad".

Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2017:

"Testigos de la esperanza y la alegría"

El día 2 de febrero es la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Desde el año 1997, por iniciativa de san Juan Pablo II, se celebra ese día la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

Es un día para mirar “a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros como un don de Dios a la Iglesia y a la humanidad. Juntos demos gracias a Dios por todas las Formas de vida consagrada y por todos aquellos que, en el secreto de su corazón, se entregan a Dios con una especial consagración”. (CEVC).

El lema escogido para este año es: «Testigos de la esperanza y la alegría

1. Signo de esperanza.
El papa Francisco en la carta apostólica a todos los consagrados, con ocasión del Año de la Vida Consagrada, proponía, como uno de los objetivo, abrazar el futuro con esperanza.
La presencia de las personas consagradas en la Iglesia y en el mundo, animada por un auténtico espíritu religioso y misionero, tiene que ser signo y semilla de esperanza tanto en ambientes secularizados como en contextos de primer anuncio. Para ello es necesario que la vida consagrada, en sus múltiples formas y carismas, viva una renovada unión fraterna y se mueva en las fronteras, en los extrarradios del mundo, en los descampados existenciales, donde tantos están como ovejas sin pastor y no tienen qué comer (cf. Mt 9, 36).

Comunidades de Madrid y Laicos celebrando la Jornada de la Vida Religiosa

2. Donde hay religiosos hay alegría.  
Estamos llamados a experimentar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado; que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida» (II, 1).

Hoy hacen falta personas consagradas que nos hablen de la alegría, pero de una alegría profunda y verdadera, que nace de la oración. No se puede estar alegre si no se vive en la profundidad de la oración. San Pablo une alegría y oración: «Estad siempre alegres. Orad constantemente» (1 Tes 5, 16-17).

La santísima Virgen María, Mujer consagrada a Dios, es Madre de nuestra esperanza y causa de nuestra alegría. Ella nos enseña a vivir con paz, plenitud y esperanza alegre el seguimiento fiel de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra Señora es la Madre que presenta en el templo a su Hijo al Padre, dando continuación al “sí” pronunciado en el momento de la Anunciación. Que Ella sostenga y acompañe siempre a las personas consagradas en su vocación, consagración y misión.

Vía : CEVC

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