Miércoles, 28 Febrero 2018 06:00

VIVIR LA CUARESMA 2018 EN PERSPECTIVA DE CAPÍTULO

En unos días se inicia el Capítulo General 2018.

Capitulares

- Un Capítulo no es un baile de disfraces ni una experiencia de vestidos y visitas resplandecientes. No es algo externo.

- Un Capítulo es abrir la realidad de nuestra Congregación (y de nuestra Familia Menesiana) y caer en la cuenta de que todo lo que nos sucede está lleno de sentido y de vida.

- Vivir el Capítulo es experimentar la vida transfigurada: la experiencia personal de Dios, la vida fraterna, la vida familiar, la misión apostólica,…

- Vivir el Capítulo es iniciar experiencias de transfiguración de la realidad del número y del envejecimiento en fuente de revitalización y de humilde aceptación de nuestra finitud…

- Vivir el Capítulo es transfigurar nuestras comunidades en fraternidades, signos vivos del Reino.

- Vivir el Capítulo es transfigurar nuestra misión apostólica en testimonio de ternura, de acogida, de cariño y de amor.


Nada sucederá en el Capítulo sin verdadera y real oración personal y comunitaria.

El tiempo de CAPÍTULO es tiempo propicio para afinar los acordes disonantes de nuestra vida menesiana y vivir de forma nueva la siempre nueva, alegre y esperanzadora noticia de la Pascua del Señor.

La Iglesia nos propone prestarle especial atención a todo aquello que pueda enfriar y oxidar nuestro corazón creyente.

  •  Detente, mira y vuelve.

1. Detente un poco de la agitación cotidiana y del correr sin sentido, que llena el alma con la amargura de sentir que nunca se llega a ningún lado. Detente de ese mandamiento de vivir acelerado que dispersa, divide y termina destruyendo el tiempo de la comunidad y de la familia, el tiempo de la amistad y el tiempo de los hermanos, el tiempo de los jóvenes y el el tiempo de la gratuidad… el tiempo de Dios. Detente un poco delante de la necesidad de aparecer y ser visto por todos, de estar continuamente en «cartelera», que hace olvidar el valor de la intimidad y el recogimiento.
2. Detente un poco ante la mirada altanera, el comentario fugaz y despreciante que nace del olvido de la ternura, de la piedad y la reverencia para encontrar a los otros, especialmente a quienes son vulnerables, heridos e incluso inmersos en el pecado y el error.
3. Detente un poco ante la compulsión de querer controlar todo, saberlo todo, devastar todo; que nace del olvido de la gratitud frente al don de la vida y a tanto bien recibido. Detente un poco ante el ruido ensordecedor que atrofia y aturde nuestros oídos y nos hace olvidar del poder fecundo y creador del silencio.

  • ¡Detente para mirar y contemplar!

1. Mira los signos que impiden apagar la caridad. Rostros vivos de la ternura y la bondad operante de Dios en medio nuestro.
2. Mira con ternura la vida envejecida de nuestras comunidades.
3. Mira el rostro de nuestras familias que siguen apostando día a día, con mucho esfuerzo para sacar la vida adelante.
4. Mira el rostro interpelante de nuestros niños y jóvenes cargados de futuro y esperanza.
5. Mira el rostro surcado por el paso del tiempo de nuestros ancianos. Rostros de la sabiduría operante de Dios.
6. Mira el rostro de nuestros enfermos y de tantos que se hacen cargo de ellos; rostros que en su vulnerabilidad y en el servicio nos recuerdan que el valor de cada persona no puede ser jamás reducido a una cuestión de cálculo o de utilidad.
7. Mira el rostro arrepentido de tantos que intentan revertir sus errores y equivocaciones y, desde sus miserias y dolores, luchan por transformar las situaciones y salir adelante.
8. Mira y contempla el rostro del Amor crucificado, que hoy desde la cruz sigue siendo portador de esperanza. Mira y contempla el rostro concreto de Cristo crucificado por amor a todos y sin exclusión. ¿A todos? Sí, a todos.

Mirar su rostro es la invitación esperanzadora de este tiempo de Capítulo para vencer los demonios de la desconfianza, la apatía, la resignación, … y recuperar la pasión por el Reino.
Rostro que nos invita a exclamar: ¡El Reino de Dios es posible!

  •  Detente, mira y vuelve.

1. Vuelve a la casa de tu Padre. Padre rico en misericordia (cf. Ef 2,4) que te espera.
2. ¡Vuelve!, sin miedo, este es el tiempo oportuno para volver a casa; a la casa del Padre mío y Padre vuestro (cf. Jn 20,17). Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón
3. ¡Vuelve!, sin miedo, a participar de la fiesta de los perdonados. ¡Vuelve!, sin miedo, a experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios. Deja que el Señor sane las heridas del pecado y cumpla la profecía hecha a nuestros padres: «Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ez 36,26).

Él volverá a hacer TODAS LAS COSAS NUEVAS y el Capítulo es paso de su amor, esperanza de su misericordia, certeza de su presencia salvadora.

¡Detente, mira y vuelve!

Como comunidad: ¡Detengámonos, miremos y volvamos! :
¡ESTAMOS DE CAPÍTULO!

Vía:   Joaquín Blanco

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